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Abril 2006

    Software Libre: La revolución del conocimiento compartido

    ¿Se ha preguntado qué hay detrás de los programas que los hacen funcionar nuestras computadoras? Hasta hace poco la gigantesca empresa Microsoft prácticamente tenía el monopolio en esta materia, no obstante, una comunidad mundial, surgida desde la propia sociedad civil, decidió poner fin a esta situación y comenzó a desarrollar los llamados software libres.

    Para muchas personas los computadores son indispensables para la vida, con ellos trabajan, estudian, se informan, conversan con sus amigos, se entretienen, se comunican, en fin. Pero para que todas esas funciones sean posibles, son necesarios programas computacionales, primero, un sistema operativo, algo así como una plataforma que permite que las otras cosas funcionen y, luego, otros programas llamados software que se pueden ir agregando de acuerdo a las necesidades de cada quien.

    En general, además de utilizarlos, pocas veces nos preguntamos por el origen de estos programas y lo que hay detrás de ellos. Cuando compramos un computador, viene vacío, sólo con el hardware, en otras palabras, con las piezas que se pueden tocar, pero sin ningún contenido dentro, entonces, en la tienda nos ofrecen instalar el sistema operativo más común, que es Windows, pero éste tiene un precio que debemos pagar y si queremos agregarle más programas, deberemos ir comprándolos. Sabido es que Windows es de la empresa Microsoft del multimillonario estadounidense Bill Gates y que, hasta hace poco, controlaba la mayor parte de los sistemas computacionales alrededor del mundo. Pero las cosas están cambiando.

    Además de los programas pagados, existe el Software Libre, que es gratuito, como su nombre lo dice, y otorga una serie de libertades a los usuarios, entre ellas, cuatro que son básicas: usarlo con cualquier propósito, personal, comercial, altruista, etc; estudiarlo, hacerlo propio, es decir, transformarlo y, finalmente, realizar nuevas versiones y hacerlas públicas, eso sí, respetando al autor original del programa.

    “El software libre es la continuación de la tradición original como se creó el software, nació como sujeto de estudio científico, que es abierto. Lo que era caro era el hardware, después las empresas descubrieron que podían cobrar por el software y comenzaron la apropiación. Así crearon un producto comercial que no tiene posibilidad de competencia”, explica Jaime Navarrete, secretario del Centro de Difusión del Software Libre, una organización de la sociedad civil, sin fines de lucro, dedicada a difundir las oportunidades que entrega este sistema en Chile.

    Fue en 1983 cuando un desarrollador de software del laboratorio de Inteligencia Artificial del Masachusset Institute of Tecnologie (MIT), se dio cuenta que los avances computacionales no eran para difundir el conocimiento sino para cerrarlo y transformarlo en un producto comercial. Dos años más tarde fundó la Free Software Fundation, actualmente radicada en Boston, EE.UU.

    Pero, ¿qué hace que estos programas sean libres? Básicamente, que sus códigos de fuente, algo así como las partituras de una canción, vienen disponibles y tienen posibilidades de transformarse. En el software comercial, en cambio, estos códigos son cerrados, es decir, los usuarios no pueden acceder a ellos.

    En 1991, Linux Troval, un estudiante finlandés envió un correo electrónico contando que pensaba crear un software con códigos abiertos. Fue la chispa que dio como resultado al sistema operativo Linux, que es lo mismo que Windows, pero libre, y que en la actualidad es utilizado para el 70% del tráfico de información en el mundo.

    De esta manera se fue formando una comunidad alrededor del software libre. “Computines” que fueron perfeccionando los programas, publicándolos, compartiéndolos y difundiendo por el mundo las bondades de este nuevo sistema. Con ellos también surgió una especie de filosofía, una actitud de compartir y trabajar en comunidad.

    “Uno se da cuenta que como individuo puede incidir en aquellas conductas a las persona está hoy día sometido, por esta lucha de quienes tienen más con respecto de quienes tienen menos, y cómo el software libre nos permite profundizar en temas que hoy están vigentes: desigualdades, falta de oportunidades, inequidades sociales, trabajo colectivo, comunitarismo y otros”, señala Patricio Mercado, jefe de la Unidad de Nuevas Tecnologías del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv).

    La difusión y uso de estos conocimientos gratuitos hacen pensar que con ellos es posible también generar condiciones para que las personas de menores recursos tengan también acceso a mayores oportunidades y mejores condiciones de vida.

    Pero no todo es filantropía y de alguna parte debe salir el dinero para financiar todo esto. ¿La fórmula? El propio mercado, afirma Carlos Muñoz, gerente general de Linux Center, una empresa transnacional dedicada a prestar servicios y capacitación en software libre. Además de los negocios, los mayores aportes a este tema provienen de las propias empresas de tecnología, como IBM, Hewlett-Packard, entre muchas otras que, viendo el inmenso mercado del que se apoderaba Microsoft, “entendieron que estar de la mano de un solo amigo es complicado. Un grupo de empresas de tecnologías han encontrado que no es bueno estar al lado de Microsoft y han apoyado el software libre”, explica Muñoz. Estos aportes van especialmente a la investigación y representan cifras nada despreciables, como el billón de dólares que IBM donó para la masificación del software libre.

    Políticas Públicas

    La mayor parte de quienes utilizan software libre y componen la comunidad son menores de 30 años y, en general, hay un gran desconocimiento respecto al tema, no obstante, en varios países del Europa, en China, India y Brasil, su uso es cada vez mayor gracias a políticas públicas que han optado por este sistema por sobre el comercial.

    En el caso de Chile, sólo el 6% de todo el sector público está envuelto en el proceso de difusión y aplicación del software libre, a pesar que este sistema ahorraría grandes costos estatales. Pero las cosas están cambiando. Si en un comienzo el gobierno se declaró neutro con respecto al tema, es decir, no imponía ningún tipo de software y todo estaba bien mientras aportara a la ciudadanía, ahora tiene una posición de difusión del software libre. Esto, porque a partir de la Agenda Digital del gobierno de Lagos, se constataron experiencias muy buenas en esta materia. Una de ellas es la del Injuv, donde el 60% de los 98 infocentros que posee utilizan Linux.

    En el Injuv se dieron cuenta que este sistema, además de todas sus garantías explícitas, permite a quienes lo usan aprender más y con mayor rapidez, ya que requiere esfuerzo y creatividad de parte de los usuarios.

    ¿Estarán contados los días del imperio Microsoft? Está por verse.